dimarts, 29 de novembre del 2011

Pequeña crónica de una exposición en Madrid



Más de una docena de brazos abiertos acogieron calurosamente la llegada de Edith Schaar, una artista alemana instalada en un pequeño pueblo leridano llamado La Floresta, a la capital española el último fin de semana de noviembre. ¿El motivo? La inauguración de una exposición de tapices de Schaar en la sala que la Sociedad Antroposófica de España tiene en Madrid.
La exposición sólo fue la excusa para presentar el conjunto de su obra y su vida a unos círculos más amplios de los que Schaar se ha estado moviendo hasta ahora en Cataluña, aunque casi la cincuentena de personas que asistieron a la inauguración pertenecían a la Sociedad Antroposófica o bien estaban relacionados con las escuelas Waldorf; escuelas en las cuales Schaar también ejerció como profesora en distintos lugares del mundo, como Brasil o Hawai.
Después de una intensa mañana habilitando la sala dónde se llevaría a cabo la inauguración, desenvolviendo decenas de tapices empaquetados con plásticos de burbujitas, colgando dibujos y serigrafías de la autora en una pizarra, haciendo pruebas con el proyector y ensayando la capacidad del local, en definitiva, después de una mañana ajetreada llegó la hora de la verdad.

La gente fue llegando puntualmente a las siete de la tarde, con la cara ligeramente roja por el frío que ya se dejaba notar afuera, y todo el mundo empezó a ocupar las sillas que se habían colocado en forma de círculo mientras iban comentando la jugada.
Nacho Mur, el artista zaragozano que izo posible la organización del evento, fue quien condujo la velada y seguidamente dio paso a María Zafra, la descubridora de Edith Schaar para muchas de las personas de Madrid. Acto seguido, se leyeron algunos poemas de Rudolf Steiner, fundador de la Antroposofía, el origen de la educación Waldorf, y después toda la sala quedó en silencio para escuchar atentamente a Schaar que, a pesar de sus 85 años, aún tiene muchas cosas que decir.



Algunos de los tapices se quedaron custodiando la sala, preparados para todas las visitas que deberán recibir hasta pasadas las fiestas de Navidad. La gente iba abandonando la sala: hacía falta descansar para llegar bien frescos al mercado de la mañana siguiente.
La escuela Waldorf Micael, situada a las afueras de Madrid, se llenó de gente, grandes y pequeños, a pesar de ser un sábado por la mañana. No había clases, pero el patio entero, algunas aulas y el gimnasio estaban llenos de puestos exponiendo artículos de Navidad, piezas artesanales, ropa, comida, etc.
Sólo entrar en el gran pabellón que los niños utilizan a modo de gimnasio, se veían al fondo, colgados de una cesta de baloncesto, un montón de tapices de Schaar. Eran de los “transparentes”, de ésos que ella sabe hacer tan bien, y la luz que se filtraba a través de las ventanas los atravesaba y se convertía en rayos de mil colores. La atmosfera del sitio era mágica.


En definitiva, y como conclusión del viaje, se podría decir que la semilla ya está plantada. La comarca de les Garrigues alberga, desde hace 22 años, a una artista internacional e inclasificable. Desde Madrid, un grupo de personas también se han dado cuenta de la genialidad de su obra y esperamos que el boca-oreja funcione tan bien como siempre lo ha hecho.


PS: Desde Laberint Blau queremos agradecer a todas las personas que han asistido a la inauguración, a las que nos han ayudado, las que han colaborado. A todas las personas que han hecho posible esta exposición, gracias.

Ésta es la traducción del artículo publicado en el último número de la revista local "Terrall"

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